Proceso de creación de una joya

Cada joya de Joieria Grau es fruto de un laborioso y esmerado trabajo, que combina experiencia con saber hacer y creatividad. Abrimos las puertas de nuestro taller para contaros cómo se crea una joya desde cero. 

A finales de los ochenta, en Italia, comenzó a gestarse un movimiento global en torno a la gastronomía denominado slow food, que promueve una nueva filosofía que combina placer y conocimiento. En Joieria Grau nos sumamos a esta forma de hacer las cosas, en las que el respeto por la tradición y el saber hacer marcan el resultado de nuestras creaciones. Nuestras joyas se hacen en nuestro propio taller, de principio a fin, desde el diseño inicial al acabado final y es fruto de una manera de hacer las cosas de la forma más artesanal posible, tratando de poner en valor el diseño, respetando la naturalidad de los metales y las piedras preciosas y ofreciendo un alto valor añadido en relación a las últimas tendencias en moda y orfebrería. Todo sucede en casa, de forma natural, porque así lo vivimos y así queremos transmitirlo a nuestros clientes.

Entrar en nuestro taller es hacer un viaje al pasado rodeado de modernidad. A las herramientas más tradicionales se suman los últimos avances y tecnología de diseño, y esta unión ayuda a conseguir unos resultados espectaculares. El proceso de creación nace del diseño de una idea, de una inspiración, de una necesidad a satisfacer. Del esbozo en papel al dibujo por ordenador y de aquí al taller, donde se hace el molde en cera de la pieza a desarrollar. Una vez se dispone del modelo 3D, se ajusta y comprueba su similitud con la pieza diseñada. Empleamos la técnica tradicional “a cera perdida”, propia de una fundición, para obtener la joya en bruto. El resultado, un pieza imperfecta de oro, que hay que pulir y dotar de su acabado final.

El pulido se hace en varias fases, empezando desde uno más abrasivo hasta el más suave. Se limpia con agua y jabones específicos no químicos, que respeten las propiedades del metal, para luego secar y limpiar mediante vapor. A partir de ahí, pasa de nuevo a depender de la destreza del orfebre, quien buril en mano “clava” la piedra y procede a grabar, digitalmente, la información de la pieza (como su DNI), para continuar dando un baño de rodio antioxidante a la joya (solo al oro blanco) mediante un proceso de electrólisis.

Finalmente, para obtener el acabado final, la joya se ha de esmerilar, quitando las imperfecciones propias del material empleado. Es la parte más engorrosa, pesada y sucia pero también una de las más importantes puesto que de la destreza del maestro joyero, dependerá el resultado final. Por más que realizamos el proceso a diario, y veamos el resultado final cada día, nunca deja de sorprendernos.

Es la emoción de ver un trabajo acabado. Una pieza creada. ¿Será esto el slow jewelry? Para nosotros, sí.