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Vacaciones sin playa

Si eres de los que, llegado el mes de agosto, siguen sin saber dónde pasar sus vacaciones; bienvenido al club! No eres el único. Para todos aquellos a los que la palabra previsión les suena a esperanto, os dedicamos este post con una propuesta de tres destinos en los que desconectar de la rutina laboral y que nada tienen que ver con el clásico por estas fechas, mar o montaña.

Tokyo, siempre en movimiento.

Fascinante, diversa, cosmopolita, tecnológica, plena de contrastes y siempre en movimiento, según Lonely Planet. Tokyo, capital de Japón, está situada en la isla de Honshu y con sus más de 13 millones de habitantes (36 incluyendo su área metropolitana) es considerada como la mayor aglomeración urbana del mundo. Inabarcable en una única visita, recomendamos al menos una semana para verla y visitar sus principales atractivos, que son múltiples. Así, entre los hotspots esenciales de la capital nipona encontramos el Palacio Imperial, asentado sobre el antiguo Castillo de Edo, los Jardines Hama Rikyu o el Parque Ueno, ideal para un descanso tras una jornada turística y en el que se ubican algunos de los museos más destacados de la ciudad. Además, la Torre de Tokyo, con su color rojo y sus vistas a más de 250 metros de altura, muy recomendables de noche para apreciar la inmensidad de las luces de la ciudad, así como el Templo de Asakusa, un centenario templo en el que asistir a rituales y ceremonias. En cuanto a shopping, imperdible el barrio de Ginza con su vasta oferta de firmas de prestigio internacional así como el de Harajuku o Shibuya, con sus míticos neones y su multitudinario paso de cebra o Akihabara, el paraíso de todo amante de la tecnología y los cómics. A destacar también la torre de televisión más alta del mundo, la Tokyo Skytree con más de 634 metros de altura.

En cuanto a la oferta cultural, Tokyo está repleta de museos, entre los que destacan el Museo Nacional, que aglutina más de noventa mil obras de arte nipón de todas las épocas, el Museo Metropolitano, el de Arte Occidental o el Nacional de Arte Moderno, para las vanguardias estéticas y arte contemporáneo, el Mingeikan y el Shitamachi, dedicados a la artesanía local nipona o el Metropolitano de Fotografía, más conocido como Syabi. Otras excursiones o visitas obligatorias son acudir a la subasta de pescado (ojo, con cita previa) o realizar una excursión por el Monte Fuji y la región de los Cinco Lagos con sus pueblos tradicionales. A nivel gastronómico, la comida típica, denominada edo-mae, se basa en el pescado y las verduras locales de la bahía tokiota, siendo el sushi su versión más conocida (obligatorio comerlo en el Mercado de Tsukiji) además del sashimi, el ramen y la tempura. Otros datos a tener en cuenta es que no se suelen aceptar propinas en ningún establecimiento, en algunas calles está prohibido fumar y en el metro no se puede hablar por teléfono. Eso sí, lo de cantar en un karaoke, es cultura nacional. Avisado, vete afinando la voz.

La ciudad industrial más cool de Europa.

Asentada sobre el río Mosa, al oeste de los Países Bajos, Róterdam puede presumir de contar con el puerto de mercancías más grande de Europa (segundo del mundo) y de ser la cuna de humanistas como Erasmo, pintores como Pieter de Kooch, arquitectos como Rem Koolhas e incluso de ser el lugar de nacimiento de José María González “Kichi, actual alcalde de Cádiz. Bendita Wikipedia, de lo que se entera uno.

Sea como fuere, Róterdam no es la ciudad más bonita del mundo, ni cuenta con un centro histórico monumental específico, herencia de los bombardeos que arrasaron la ciudad durante la II Guerra Mundial, si bien, este hito se convirtió en decisivo gracias a un desarrollo consciente, moderno y eficiente que hoy en día sirve de inspiración para urbanistas y arquitectos de todo el mundo en aras de desarrollar ciudades preparadas para un futuro inmediato. Por el camino, una ciudad cosmopolita, cómoda y amable para con el viajero, considerada una de las mecas de la arquitectura contemporánea y en la que se suceden edificios firmados por los más prestigiosos despachos de arquitectura internacionales como Foster + Partners, Renzo Piano, OMA o MDVDR, entre otros. Los más destacados, el mercado Markthal Hall, el Museo Depot MBVB, las Casas Cubo, la Central Station, el puente Luchtsingel (financiado a través de crowdfunding público) o el skyline que forman los rascacielos de la zona portuaria y De Rotterdam, la ciudad vertical concebida por OMA frente al puente de Erasmus. Además, culta, la ciudad cuenta con museos de renombre como el Boijmans Van Beuningen, que acoge una amplísima colección de arte con obras de Rubens, Rembrandt, Van Gogh, Magritte o Dalí, entre otros, así como el cercano y sorprendente Kuntshal, que acoge exposiciones variadas en torno al arte contemporáneo y experimental.

En cuanto al ocio, al igual que urbanísticamente, Róterdam es moderna y vital, con una oferta de shopping alta en cuanto al diseño y la creatividad, con el concept store Groos a la cabeza con su oferta de diseño y arte local. Otros atractivos; alquilar un watertaxi para ver las mejores vistas de la ciudad desde el agua, visitar el café Op het Dak, con el mayor huerto urbano de Europa en su azotea-terraza o el transatlántico SS Rotterdam, que acoge un restaurante, bar y terraza con vistas al puerto, tomar una copa en el Aloha, un bar de moda con terraza o pasear por las calles de Witte de Withstraat y admirar sus galerías de arte y modernos cafés.

A las puertas del desierto.

Exótica, fascinante, abigarrada y monumental, Marrakech es la ciudad marroquí más visitada y forma, junto a Mequinez, Fez y Rabat una de las cuatro ciudades imperiales del reino alauita. Así, su enclave al sur del país, a pies del desierto del Atlas y su fuerte oferta cultural y monumental hacen de esta ciudad y su medina un destino ideal a pesar de las altas temperaturas en verano (la temperatura media es muy similar al clima mediterráneo).

Así, en Marrakech todo empieza y acaba en la plaza Jemaa El Fna, centro neurálgico de la medina, a escasos metros de la mezquita Koutoubia, que domina con su alminar un extenso terreno de forma irregular en el que miles de personas se citan cada día llenándola de color, cultura y actividades y entre los que hay encantadores de serpientes, vendedores de todo tipo de enseres y productos, aguadores, escritores de cartas y hasta acróbatas. A medida que pasa el día la plaza va llenándose de actividad y comienzan a verse puestos típicos de fruta, zumos y chiringuitos de comida típica local, uno de los atractivos para entender mejor la cultura y gastronomía almorávide. Otra opción es subir a alguno de los restaurantes mirador que rodean toda la plaza, sobre todo a media tarde cuando cae el sol.  A nivel arquitectónico y cultural destacan, además de la mezquita Koutoubia, el Palacio de la Bahía, el Palacio Dar si Said, que acoge el museo de arte marroquí y la Madrassa Ben Youssef, una antigua escuela coránica de gran belleza y espectacularidad desde el punto de vista arquitectónico en el que destaca su santuario octogonal. Culturalmente, la ciudad ofrece al visitante museos como el Museo de Marrakech en el Palacio Menbhi, que alberga una amplia colección de arte árabe musulmán o la Kuba Ba Adyin, un pequeño torreón que incluye arte almorávide de la ciudad. Otros atractivos de la ciudad son la Kasba, el antiguo recinto amurallado que acoge, entre otros atractivos, la Puerta de Bab Agnaou, las Tumbas Saadíes o el Palacio Badí o los zocos en la medina, un lugar imprescindible y apasionante donde tendrás que regatear…y es que es muy difícil no caer en la tentación de cualquier de los cientos de puestos y paradas en los que se encuentra, literalmente, de todo.

En otro orden, igual de imprescindible, visitar los Jardines Majorelle, que fue residencia del diseñador Yves Saint Laurent y que aglutina una vasta variedad de especies vegetales (hasta 300) y en cuyo interior además se exhibe una gran variedad de piezas de la colección personal del diseñador como cerámicas, joyas, armas y alfombras. Asimismo, los Jardines de la Menara son otro icono dela ciudad, a las afueras, así como El Palmeral, un oasis con más de doce mil hectáreas y 150 mil palmeras que puede ser atravesado en cocheo calesa. Fuera ya de Marrakech, Uarzazate, a los píes del desierto o Essauira, en la costa atlántica, suponen excursiones cómodas y asequibles desde la ciudad que aconsejamos si tu intención es pasar allí al menos una semana.

¿Te hemos convencido? Si es que sí, ya sabes, tráenos algo de recuerdo.

 

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